Hogar
El dormitorio en Arlés, Vincent van Gogh, 1988 Deja que arda desde los cimientos, deja que cambie el color de las paredes, deja que se consuma quien eras, deja que se queme quien yo fui. Deja que limpie estas ventanas, con manchas de manos tristes del pasado, deja que barra estas heridas, y que poco a poco desaparezcan al ritmo de nuestra apocalíptica canción. Permíteme la entrada al sótano, donde está lo que asusta y hace daño, prendamos la luz juntos, coloquemos un billar en medio, con amor y juegos de antaño. Déjame pedirle a la tristeza que salga de vez en cuando, hazle saber a la ira que puede vivir en nuestra casa y aun así te amo. Pero sobre todo: Por favor, déjame quedarme cuando el humo nuble las ventanas, cuando viejas voces quieran volver. Déjame sentarme en el sofá cuando no seamos perfectos, cuando las escaleras del sótano crujan, cuando las paredes recuerden. Y es que amar no es salvar la casa del fuego, es aprender a habitarla contigo mientras reconstruimos, ladril...