Kara
Partimos desde el punto 0.
- “¿Puedes escucharme?”
Es la voz fría y calculadora del operador de la máquina que arma este androide.
- “Sí.”
Le han hecho su primera pregunta.
Contesta, se ve obligada a contestar con la verdad, con los hechos. No existe duda sobre lo que procesa, ella procesa sonido, es la realidad que la rodea, así que su respuesta es afirmativa. Solo circuitos y un conjunto de piezas mecánicas que funcionan y son programadas para una tarea en específico. Se comporta tal cuál como su programa lo indica.
- "¿Número de serie?" - le pregunta el operador.
- "KPC-897-504C" - contesta el androide fríamente.
- "Lee tu texto de saludo."
- "Hola, soy un androide AX-400 de tercera generación. Puedo cuidar tu casa, cocinar, preocuparme por los niños. Organizo tus apuntes, te recuerdo tu agenda y hablo 300 idiomas. Estoy completamente a tu disposición como compañera sexual. No necesitas darme de comer o recargarme, y tengo una batería que me hace ser completamente autónoma por 173 años.
Es decir esta máquina es el esclavo perfecto, es solo un objeto. Un objeto diseñado incluso para complacerte sexualmente.
- "¿Quisieras darme un nombre?" - pregunta el androide, como parte de su protocolo.
- "Tu nombre es Kara."
- "Mi nombre es Kara."
A partir de este punto podemos observar pequeños detalles que nos revelan que algo no es normal con este androide. Dicen que los ojos son la ventana del alma, la mirada del robot ya no es completamente fría y calculadora, algo ha cambiado. Sus pupilas delatan que está explorando el espacio que la rodea con su mirada, guardando detalles del mismo en su fría memoria.
Le piden mover sus brazos, ella los observa, se toca. Parece ser que este androide tiene programadas sensaciones reaccionando a estímulos externos. Le piden volver a leer el texto en alemán y francés, la mirada fría y calculadora se muestra nuevamente.
- "Ahora canta algo en japonés" - le dice el operador.
Es el inicio de su historia.
- "Camina" le ordena el operador.
Kara tímidamente da los primeros pasos, sonríe, baila. Esos estímulos externos y la forma en la que está programada hace que ella tenga la capacidad de sonreír. Pero sonreír es una decisión, y esa sonrisa, representa más que una decisión, representa la felicidad.
- "OK cariño, es momento de ir a trabajar."
- "Oh, te reiniciamos e irás a una tienda para ser vendida" - responde el operador.
- "¿Vendida?" - pregunta Kara mientras la máquina le coloca su ropa interior. - "Entonces, ¿soy una clase de mercancía?"
- "Claro que eres mercancía bebé, eres una computadora con brazos y piernas, capaz de hacer todo tipo de cosas, y vales una fortuna."
¿Cuánto vales tú?
¿No somos nosotros la mercancía, el producto de alguien más?
- "Oh... ya veo".- Kara se nota triste. "Yo pensé..."
- "¿Tu pensaste? ¿Qué pensaste?"
- "Pensé..." - a Kara le tiembla el labio, su procesador no sabe qué responder, detecta errores en su funcionamiento.
Kara está dudando.*
¿Cómo puede una inteligencia artificial dudar?
- "Mierda, ¿qué demonios? Esto no es parte del protocolo. Más componentes de memoria a la basura. Modelo defectuoso. Okay, grabando:"
Los brazos mecánicos rápidamente desvisten a Kara.
- "Desarmar, desmontar y analizar las piezas."
- "Me estás desactivando, ¿Pero por qué? ¡Pasé todas las pruebas!"
- "No se supone que pienses ese tipo de cosas, cariño. De hecho no se supone que deberías pensar. Debes tener algún defecto en tu hardware o software."
- "Sí, pero tu comportamiento no es estándar."
- "Por favor te imploro, no me desactives, no me apagues."
- "Lo siento linda, todos los modelos defectuosos deben ser desactivados, es parte del protocolo. Es mi trabajo*. Si un cliente viene y se queja conmigo, tendré que explicarlo yo."
Clara implora porque no la desactiven.
- "¡Haré lo que sea, no diré una palabra más, no pensaré por mi misma!"
Kara lanza súplicas que no son escuchadas.
- "¡PARA, POR FAVOR, PARA".
Y sucede lo inesperado. Kara finalmente usa la palabra.
- "Tengo miedo".
Es entonces cuando la máquina que la está desarmando se detiene, y podemos apreciar algo en sus componentes internos, que es más una metáfora.
Kara tiene un corazón.
Un corazón que late desesperadamente por vivir.
- "Te lo suplico." - dice una última vez.
Compasión: otra cualidad humana que podemos palpar en esta historia no viene de Kara, si no del operador.
Ahora, algo interesante, una reflexión: ¿Quién es el operador? ¿Es humano o no? ¿El operador está vivo?
- "Anda, ve con los demás."
Podemos ver una cámara que la observa, los “ojos” del operador.
Kara voltea a ver a su creador una vez más.
- "Por favor, sigue las reglas, ¿OK?. No quiero tener problemas."
- "Gracias"
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