El Reloj De Dante
'No estoy loco, debe estar por aquí', se decía a sí mismo Dante, mientras buscaba desesperadamente entre sus pertenencias. Necesitaba encontrar algo, algo que le recordara a aquellas épocas - épocas doradas, decía él -, en las que sentía había sido feliz. 'El reloj, sí, el reloj.', se repetía, mientras su confianza decaía segundo a segundo.
Su corazón latía rápidamente, y, mientras gotas de sudor frío recorrían su frente, una fuerte ansiedad se apoderaba de él poco a poco. Los objetos se empezaban a amontonar alrededor de la caja en la que buscaba, sin éxito, aquél reloj. Era abrumador para Dante sentir cómo se rodeaba de basura, perdiendo cada vez más la fé.
Y así, empezaron a brotar sus lágrimas.
'El reloj ya no está, ya no existe.' - dijo en voz alta. El sonido de sus propias palabras encarnaba el sentimiento de vacío que llevaba dentro. Y siguieron brotando sus lágrimas. Una profunda tristeza se apoderó de él, de esas tristezas de las que rara vez podemos volver siendo los mismos.
Dante imaginaba qué es lo que hubiera dicho su abuelo al saber que había perdido el reloj. Quizá no le hubiera importado. Quizá le hubiera dicho que las cosas materiales se pueden reemplazar, y que el reloj no era más que un símbolo de su tiempo juntos, que lo realmente importante, nunca es algo físico, o algo así.
Pero Dante nunca sabría lo que su abuelo habría dicho, su abuelo ya no existía más que en su memoria. 'Lo perdí en algún lado', pensó, 'algún lado que tampoco existe más'. Dante se había cambiado varias veces de casa desde aquella vez en la que fue a ese hermoso lago con su abuelo. Y era algo lógico, cuando fue al lago con su abuelo, el aún vivía con sus padres, y ahora ya hasta se había casado y esperaba un hijo.
Fue entonces cuando recordó aquel día en el lago. Un día hermoso, con el clima perfecto para navegar en la pequeña canoa, el viento susurrando, y su querido abuelo, quien solo existía en su memoria, existiendo. Se le vino a la mente aquella conversación de la que tan arrepentido se sentía y a penas lo había notado, mientras sus lágrimas seguían brotando:
- Dante, ¿te encuentras bien? Te noto algo distraído.
- Abuelo, te dije que no quería venir, estoy muy aburrido, hubiera preferido quedarme, jugar play un rato.
- Te traje aquí porque quiero darte algo muy especial, cumpleañero. Ya habrá mucho tiempo para que juegues todo lo que quieras.
El anciano llevó sus temblorosas manos a los bolsillos, y sacó frente a Dante un hermoso reloj de oro.
- Este reloj es muy especial para mí, pero nunca te dará la hora.
- ¿De qué me sirve un reloj que no da la hora? - preguntó Dante.
- Eso es lo que lo hace tan especial mi nieto querido, sus manecillas permanecen inmóviles, pero es muy hermoso, y es imposible de reparar.
- ¿A qué te refieres con que es imposible de reparar?
Si abuelo rió mientras abrazaba a su querido nieto, y le plantaba un beso de amor puro en su frente.
- No entiendes que tan especial eres, Dante. Que el reloj no se pueda reparar no importa. Gracias por compartir este día conmigo.
- Abuelo, no entiendo mucho lo del reloj.
- Algún día lo entenderás.
Fue entonces, que después de tanto buscar, Dante al fin encontró el reloj.
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