Madrugada



No solo entraste,
te filtraste,
y grietas aprendieron mi forma,
yo era ruina repitiéndose,
y tu,
lenguaje de nuestra casa sin nombre.

Miras donde no miro,
recolectas pedazos de mí,
lees la luz en mi sombra,
donde a veces yo solo veo ceniza.

Me haces bien sin tocarme,
y tus palabras encienden futuros
y te quedas como se queda la noche
cuando ya nadie pelea con ella.

No solo quieres mis muros,
quieres mis puertas abiertas,
quieres mis pisos y mis techos,
y quieres empujarme fuera del eco.

Esta madrugada nos observa
con los ojos cansados del tiempo.
El reloj se rinde y las horas pasan
nuestra vigilia se convierte en rito,
hablarte para resistir el sueño,
tenerte para saciar las ganas.

Hay nombres míos
qué ahora existen en tu voz,
hay espejos que no mienten,
cuando tu mirada los sostiene.

Y si algún día me llegara a perder
entre tanto ruido, culpa o temor,
siempre recordaré
que alguien lee mis constelaciones,
que puede ver luz en mi oscuridad,
que estuvo para mí
antes de que yo creyera en el cielo.


15/01/2026
1:52 a.m.

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