Ícaro
Se despertó temblando. Una fuerte ansiedad lo había consumido por completo, interrumpiendo su sueño de golpe. Ícaro se encontraba en su casa, a las afueras de la ciudad de Riobamba. El sol entraba a través de las ventanas, pero era un sol que no calentaba. La noche anterior había tomado una cantidad descomunal de alcohol en el único bar de aquel pueblo; no sabía ni cómo había llegado a casa, pero recordaba los ojos de alguien. Recordaba, sobre todo, haber bailado hasta el amanecer perdiéndose en esa mirada. Y es que Ícaro, al ver esos ojos la noche anterior, había visto su propio reflejo. Se sentía profundamente consternado: había hablado de tantas cosas con la dueña de esa mirada, que terminó por darse cuenta de cómo, a través de los años, sus miedos se habían apoderado de él. ¿De dónde nacían los miedos de Ícaro? Tal vez de nunca haberse despedido de una persona en particular; la única que, en algún punto, logró que esas voces y temores se silenciaran por completo. Entonces Í...